A favor de una cooperación transformadora

Atravesamos una profunda crisis mundial que manifiesta la incapacidad del modelo hegemónico de enfrentar las crecientes desigualdades de todo tipo que nos asuelan. Además, cada vez se hace más evidente que dicho modelo está poniendo en riesgo la propia sostenibilidad de la vida, como se deriva del análisis del contexto climático y energético. Estos nos ofrecen un escenario presente y futuro marcado por la inestabilidad y por el agotamiento de los recursos fósiles sobre los que se ha asentado el patrón vigente de crecimiento incesante, lo que provoca que asistamos a un momento histórico de especial significación e incertidumbre, ante el que nada será igual. Se torna por tanto urgente y necesario transitar hacia formas alternativas de organizar la vida, hacia alternativas al modelo de desarrollo dominante.

Este es nuestro principal reto común, no exento de una gran complejidad. La misma es fruto no sólo de la lógica multidimensional e interactiva de los retos a los que nos enfrentamos (cambio climático, transición energética, gobernabilidad democrática, migraciones, cuidados, violencia, etc.), sino también del nuevo escenario político surgido del proceso de globalización neoliberal. Este ha alterado las fórmulas de entender la ciudadanía y la soberanía vinculadas al Estado-nación, sustituyéndolas por otras de menor intensidad democrática, que alejan las decisiones de las personas y los pueblos y que incluso las privatizan y corporativizan. En esta nueva gobernanza global ya no sólo participan los Estados, sino también muchos otros actores como empresas transnacionales, movimientos sociales, organismos multilaterales, pueblos y comunidades, etc., operando desde claves diferentes y en sentidos diversos. Es por tanto estratégico abordar la compleja agenda global desde una explícita defensa de la vida en su sentido más amplio, así como entender el nuevo escenario mundial desde la interdependencia y la corresponsabilidad de agentes que defienden objetivos comunes, rompiendo con dicotomías como Norte/Sur, institucional/social, etc.

La cooperación internacional no puede ser ajena al momento convulso que atravesamos. Así, no puede limitarse a la mejor o peor gestión de una serie limitada de recursos a favor de la lucha contra la pobreza y las desigualdades. Al contrario, pensamos que debe dar el salto a convertirse en un espacio de verdadera solidaridad internacional entre personas y pueblos, que promueva el diálogo político sobre los grandes retos comunes –anclados fuertemente en las dinámicas locales–, que vincule agendas de aquí y de allá, y que promueva una sociedad crítica, organizada y movilizada. Para ello, es importante que la cooperación internacional se abra a las nuevas agendas que defienden alternativas al desarrollo vigente, que se preocupan por la vida de todas/os, que se abra a otros sujetos que impulsan procesos de emancipación y justicia social, y se redefina en función de estas nuevas metas y alianzas.

Precisamente la cooperación descentralizada –y dentro de ellas la impulsada por el Gobierno y las instituciones vascas– es un espacio idóneo en este sentido, dada su cercanía a los agentes sociales, a su experiencia acumulada y a su capacidad de transformación ante un nuevo escenario global. Por todo ello, planteamos un giro en la política pública de cooperación internacional del Gobierno Vasco basada en 5 señas identitarias.

  1. Una cooperación vasca coherente y comprometida con las agendas de cambio

La cooperación vasca, ante el contexto global antes señalado, debería explicitar su compromiso con las múltiples y diversas agendas de emancipación que, desde diferentes enfoques y lugares, apuesta de manera inequívoca en defensa de la vida, el bien común, la democracia y la sostenibilidad.

Así los feminismos, la transición energética, la lucha contra el cambio climático, las economías solidarias y comunitarias, la soberanía alimentaria, la descolonización, el Estado plurinacional, la democracia participativa, etc. –especialmente de los elementos comunes a todos estos enfoques–, deberían ser referentes de la cooperación vasca, y como tal definir las prioridades políticas y presupuestarias.

Esta intersección de agendas debería ser la referencia para impulsar una dinámica de coherencia de políticas (CpD) que se extendiera desde la solidaridad internacional al conjunto de la acción política del Gobierno Vasco, siendo de especial relevancia el conjunto de la Acción Exterior –donde destaca la internacionalización empresarial en el marco de la Estrategia Basque Country–.

Precisamente en este sentido, la cooperación vasca debería ser ajena a cualquier apuesta de desarrollo que no rompa con el crecimiento económico capitalista, el ánimo de lucro y la maximización de la ganancia, ya que estas premisas ahondan en la gravedad de la crisis que atravesamos.

Apelamos por tanto a:

  • Incluir y explicitar las agendas de cambio como referencia fundamental del conjunto de la cooperación vasca, manifestando su incompatibilidad con la agenda basada en el crecimiento económico, a la que la cooperación vasca debe ser ajena.
  • Impulsar una agenda de coherencia de políticas en base a criterios explícitos de defensa de la vida, el bien común, el marco internacional de derechos humanos y la sostenibilidad.
  • Iniciar y avanzar en un proceso de reflexión participativo sobre la actualización del modelo de cooperación que priorice los sujetos de cambio y los territorios que se vienen acompañando desde Euskadi, y vaya dejando en un segundo plano el modelo de cooperación actual centrado en los proyectos
  1. Una cooperación vasca inclusiva con los agentes sociales en defensa de la vida

Vivimos como ya hemos dicho un escenario político marcado por la democracia de baja intensidad, las soberanías compartidas y la diversidad de agentes que participan en la vida social y política global.

La cooperación vasca debe hacer un esfuerzo por vincularse y aliarse con aquellos sujetos de emancipación que impulsan y articulan las agendas del cambio señaladas en el apartado anterior, desde una lógica abierta, inclusiva e internacionalista. En este sentido, es fundamental superar la hegemónica consideración de agentes prioritarios de la cooperación descentralizada (instituciones y ONGD) para ampliar la mirada a los movimientos sociales y a las entidades de la economía solidaria. Además, el foco de actuación no debería ser el asimétrico y jerarquizado eje Norte/Sur, sino una lógica local/global de articulación de agendas y sujetos, a partir de análisis de las potencialidades y capacidades de cada territorio.

De esta manera, planteamos la necesidad de transitar hacia nuevos espacios de diálogo político entre instituciones, ONGD, movimientos sociales y entidades de la economía solidaria, articulándose en pos de metas comunes.

En sentido contrario, creemos que las dinámicas y premisas de actuación de las empresas transnacionales (que acumulan un inmenso poder económico, cultural, político y jurídico) son incompatibles con las que defiende la cooperación vasca, por lo que no tienen cabida en la misma. Así, si la Ley Vasca de Cooperación para el Desarrollo de 2007 no considera a la empresa como agente de cooperación, esta consideración debe extenderse a toda forma directa o indirecta de participación en la política vasca de entidades con ánimo de lucro.

Apelamos por tanto a:

  • Reconocer explícitamente a los movimientos sociales y a las entidades de economía solidaria como agentes prioritarios de cooperación.
  • Redefinir el Consejo Vasco de Cooperación en función de la participación activa de estos agentes, incidiendo además en las capacidades reales de este espacio a la hora de tomar decisiones y generar diálogo político internacionalista.
  • Crear nuevos instrumentos y vías de apoyo específicos para movimientos sociales y entidades de la economía solidaria, adaptados a sus identidades, agendas y voluntades.
  • Favorecer la alianza entre agentes sociales diversos en los diferentes instrumentos vigentes o por crear.
  • Impedir la inclusión del ánimo de lucro en la política vasca de cooperación, tanto de manera directa como indirecta.
  1. Una cooperación vasca que prime la Educación para la Transformación Social

La cooperación actual se basa en la dicotomía Norte/sur, Cooperación/Educación, que presupone una notable diferencia en lo que se hace en otros países (desarrollo) y lo que debe hacer en EH (EpT). Planteamos la necesidad de transitar hacia una política que borre esta línea, a favor de una cooperación internacional cuya meta sea la de articular agendas y sujetos, generando ciudadanía crítica, organizada y movilizada.

Teniendo este horizonte, y dada la asimetría de partida entre cooperación y EpT (que presupuestariamente suele ser de un 90% frente a un 10% del presupuesto total), planteamos la necesidad de hacer una apuesta firme en defensa de una EpT que sirva de espacio privilegiado para el impulso de las agendas del cambio y de la lógica inclusiva de agentes sociales.

La Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo del Gobierno Vasco (AVCD) ha dado un paso en este sentido al poner en marcha el proceso de plan de acción sobre EpT, pero debe ser reforzado con una voluntad política firme.

Apelamos por tanto a:

  • Explicitar la apuesta por una EpT donde destaque la incidencia política, la comunicación, la investigación (y especialmente los procesos que vinculen todos estos ámbitos).
  • Romper el estrecho marco Norte/sur en favor de una mirada de solidaridad internacionalista basada en el enfoque local/global.
  • Favorecer de manera nítida las alianzas con movimientos sociales y entidades de la economía solidaria.
  • Aumentar el presupuesto de EpT hasta el 30% del total.
  • Establecer mecanismos específicos para que las agendas de los Movimientos Sociales tengan espacios en sistema educativo formal de Euskadi, y contribuyan a reforzar la capacidad de análisis crítico del estudiantado
  1. Una cooperación vasca política, pero técnicamente coherente

Si los apartados anteriores hacen referencia a una nueva lógica política de la cooperación vasca, ahora incidimos en la necesidad de que esta se concrete en instrumentos y dinámicas técnicas y administrativas coherentes con dicha lógica. Planteamos así que no es posible avanzar políticamente si a la vez no se redefinen el enfoque de trabajo, relacionamiento entre agentes, etc.

Apelamos por tanto a:

  • Nuevos instrumentos –y/o revisión de los actuales– coherentes con el momento que atravesamos y con los sujetos sociales prioritarios. En este sentido, que se proyecten en el largo plazo, que asuman la incertidumbre, que se basen en la confianza, que favorezcan las alianzas, etc.
  • Generar nuevos instrumentos que potencien la participación de movimientos sociales y entidades de la economía solidaria.
  • Generar nuevos instrumentos que potencien la apuesta por la EpT, como los programas de EpT.
  1. Una cooperación vasca dotada suficientemente y estable

Aunque hemos indicado que la cooperación debe ser algo más que acceso a recursos, estos también son necesarios. El compromiso de alcanzar el 0,7% establecido en la Ley vasca ha sido sistemáticamente incumplido, por lo que como primer paso en la apuesta por un diálogo internacionalista, planteamos su cumplimiento inmediato.

Apelamos por tanto a:

  • Comprometerse de manera inmediata a un horizonte de cumplimiento del 0,7% en la actual legislatura.
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